En casi todas mis clases ocurre lo mismo: cuando llegamos a la pelvis, algo cambia en la sala. Risas nerviosas, alguna lágrima inesperada, cuerpos que de pronto no saben moverse. Ninguna otra zona del cuerpo despierta tanto. Y esa es la primera pista de que en las caderas hay mucho más que articulaciones.
Qué le pasa a nuestra pelvis (a casi todas)
La pelvis es el centro del cuerpo: sostiene los órganos, conecta las piernas con la columna, aloja el suelo pélvico y es la base desde la que caminamos, bailamos y nos sostenemos. Y sin embargo es, probablemente, la zona más olvidada:
- Pasamos el día sentadas, con la pelvis inmóvil y los flexores de la cadera acortados.
- Nos han educado para contenerla. A muchas nos enseñaron, sin decirlo, que mover las caderas era exagerado, provocativo o vergonzoso.
- Acumula tensión de guardia. Ante el estrés, el cuerpo aprieta mandíbula, hombros... y también suelo pélvico y glúteos, aunque no lo notemos.
El resultado es una zona central rígida, muda, que solo llama la atención cuando duele: lumbares cargadas, caderas que crujen, molestias menstruales que se intensifican con la tensión.
¿Es verdad que las caderas guardan emociones?
Me gusta responder esto con honestidad. Lo que la ciencia describe con claridad es que el estrés y las emociones se expresan como patrones de tensión muscular, y que la zona profunda de la cadera y el suelo pélvico participan de esa respuesta de protección. Si la tensión se repite durante años, el cuerpo la convierte en postura: un freno de mano echado que ya no notamos.
Lo que yo veo en la práctica, sesión tras sesión, es que cuando esa zona por fin se mueve con permiso y sin juicio, a menudo se mueven también cosas por dentro: memoria, emoción, alivio, energía. No hace falta ponerle un nombre místico para respetar lo que ocurre: basta con acompañarlo despacio.
Señales de que tu pelvis pide movimiento
- Sientes las caderas rígidas al caminar, bailar o agacharte.
- Tienes molestias lumbares frecuentes sin causa clara diagnosticada.
- Notas que bailas de cintura para arriba y las caderas van aparte.
- Mover la pelvis delante de otras personas te da vergüenza o te bloquea.
- Llevas temporadas de mucho estrés y lo notas en el vientre y el suelo pélvico.
Cuatro movimientos suaves para empezar a liberarla
Hazlos descalza, con ropa cómoda, y sobre todo: lento y sin exigencia. No buscamos amplitud, buscamos sensación.
1. El péndulo (2 minutos)
De pie, pies al ancho de caderas, rodillas suaves. Deja que la pelvis se meza de lado a lado, como una campana. Los brazos sueltos, la respiración baja al vientre.
2. Círculos lentos (3 minutos)
Dibuja círculos con la pelvis en ambos sentidos. Observa en qué parte del círculo el movimiento fluye y dónde se corta o se salta. Pasa por las zonas mudas con curiosidad, sin forzar.
3. El ocho (3 minutos)
Dibuja un ocho tumbado (el símbolo del infinito) con las caderas. Es el movimiento más orgánico de la pelvis y el que más aparece en las danzas de raíz de todo el mundo.
4. Respiración al suelo pélvico (2 minutos)
Sentada en el borde de una silla, siente los isquiones. Al inhalar, imagina que el aire llega hasta el suelo pélvico y lo ensancha suavemente; al exhalar, deja que la zona se recoja sola, sin apretarla. Esta respiración es la puerta de entrada a todo lo demás.
Y si quieres hacer el viaje completo
Estos movimientos son la puerta. El recorrido entero — movilidad, respiración, danza oriental, movimiento somático y la parte emocional de habitar de nuevo el centro del cuerpo — es exactamente lo que trabajamos en El despertar de la pelvis, mi curso grabado para hacerlo a tu ritmo. Y si prefieres un acompañamiento a medida, en las sesiones individuales adaptamos este trabajo a tu momento y a tu historia.
Preguntas frecuentes
¿Puedo hacer estos ejercicios si tengo una lesión de cadera o lumbar?
Con diagnóstico previo y el visto bueno de tu profesional de salud, el movimiento suave suele ser bienvenido. Ante dolor agudo o lesión sin valorar, primero consulta: este trabajo complementa, no sustituye.
¿Es normal emocionarme moviendo las caderas?
Completamente. Es una zona que lleva mucho tiempo en silencio; cuando habla, a veces lo hace con emoción. Dale espacio, baja el ritmo y, si lo necesitas, busca acompañamiento profesional. 🌿